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Ya decidiste que quieres tu sitio web. Ahora viene la pregunta que traba a casi todo mundo: ¿dónde lo monto? Le preguntas a un amigo y te dice una cosa. Le preguntas a un diseñador y te dice otra. Entras a YouTube y cada quien te vende su plataforma favorita. Vamos a poner orden, porque la decisión es más sencilla de lo que parece.
La base: WordPress
La mayoría de los sitios web del mundo se hacen con una tecnología que se llama WordPress. Es un software de uso libre, y cuando decimos que un sitio “está hecho en WordPress” normalmente nos referimos a wordpress.org.
No es un invento de agencias chicas. Rolling Stone, la NASA y Microsoft usan WordPress para partes de sus sitios. No para todo, pero sí para secciones completas. Si una empresa de ese tamaño lo usa, es porque funciona.
¿Hay otras opciones? Sí, y vale la pena que sepas cuáles son para que no te las vendan como la única salida.
Antes de seguir, una advertencia sobre los precios: los que verás aquí son los del momento en que grabé el video, y en este mundo cambian seguido —casi siempre hacia arriba. Tómalos como referencia para comparar, no como el precio final. Antes de pagar, confírmalos en el sitio del proveedor.
Los dos WordPress que casi nadie te distingue
Esta es la confusión número uno, así que pon atención.
- wordpress.org: es el software. Lo descargas gratis, pero tú necesitas rentar dónde vivirlo. Es como comprar un carro: el carro es tuyo, pero sin cochera no lo puedes tener.
- wordpress.com: es el servicio. Te dan el software ya montado y alojado, pero con reglas de ellos. Es como rentar un carro con todo incluido: cómodo, pero no puedes meterle mano a nada.
Cuando alguien te dice “yo hago sitios en WordPress”, casi siempre habla del punto org. Es el que te da libertad real: puedes cambiar el diseño, agregar funciones, mover tu sitio de un lado a otro cuando quieras. El punto com te sirve para arrancar rápido, pero te limita.
Wix y Squarespace: todo incluido, pero con techo
Wix y Squarespace son plataformas todo incluido. Te dan el dominio, el hosting y las plantillas en un solo paquete. Suenan cómodas, y lo son.
El problema es que trabajas con plantillas prehechas. Puedes cambiar imágenes y colores, pero ahí termina el margen. No puedes meter funciones que ellos no hayan desarrollado, y cuando quieres crecer, crecer no se puede. Te encierran en algo que no escala.
¿Sirven? Más o menos. Te dan presencia en línea, sí. Pero es más fácil armar un WordPress con Elementor —usando sus plantillas o desde cero— que quedarte atorado en Wix o Squarespace. Yo no las recomiendo.
La única excepción: Shopify (solo para tiendas en línea)
Hay un caso donde sí te conviene una plataforma todo incluido: Shopify, y solamente si vas a vender en línea.
¿Por qué? Porque se encarga de la parte más delicada: el proceso de pago. También de la integración con Facebook y Google para campañas, y de las pasarelas de pago. Si has visto noticias de páginas a las que les filtraron datos de tarjetas y clientes, eso pasa por configuraciones mal hechas. Con Shopify, esa parte la cuidan ellos y tú te olvidas.
Sus plantillas se ven todas parecidas porque así estamos acostumbrados a ver una tienda en línea, con el banner arriba y los productos abajo en cuadritos. Eso lo aprendimos de Amazon y Mercado Libre, y no es un defecto: es lo que tu cliente espera encontrar. Además se arma rápido, puedes hacerlo tú solo, tiene integración con plataformas de pago y hasta con paqueterías.
Podrías montar una tienda con WordPress y un plugin llamado WooCommerce, pero es un camino bastante más complejo. Para comercio electrónico, Shopify es el atajo.
Shopify empieza en 19 dólares al mes en su plan básico, y sube a 52 y luego a 329 en los planes superiores. Mi consejo: arranca con el plan de entrada, y si puedes pagarlo anual te sale más barato que mes con mes. Cuando el negocio ya funcione, ahí sí subes de plan.
Sitio tradicional: necesitas dos piezas
Si lo que quieres no es una tienda, sino un sitio donde muestres tus servicios, tu portafolio o los proyectos que has hecho, entonces necesitas dos cosas: el dominio y el hosting.
1. El dominio: cómo se llama tu sitio
El dominio es el nombre de tu sitio web, esa dirección que la gente va a escribir. Tiene dos lugares que te convienen para comprarlo:
- Cloudflare: te cobra el precio real, sin extra. Un .com te sale alrededor de 10 u 11 dólares al año. Los .com.mx suben un poco porque una parte se va al registro de México.
- Namecheap: su ventaja son los precios de promoción del primer año. Los .com llegaban a estar en 6.79 dólares y los .online casi regalados. Después sube, pero pocos dólares de diferencia rara vez son el problema.
Un dato importante: el dominio es único. Si alguien más ya lo tiene, no lo puedes usar tú. Se lo podrías comprar, pero normalmente te van a pedir una cantidad alta.
2. El hosting: dónde vive tu sitio
El hosting es el espacio en un servidor donde se guardan los archivos de tu sitio. Es la cochera de la que hablábamos. Aquí es donde la gente se equivoca más, así que vamos por partes.
Hostinger: barato el primer año, caro después
Hostinger funciona como casi todos los hostings tradicionales: te tira el precio el primer año y después te cobra el real. Los descuentos llegan a ser de hasta 89%.
Un plan que ves a 55.99 al mes puede brincar a 319.99 en la renovación. Con el plan más chico el salto no es tan dramático, pero ahí está. Y revisa lo que te dan: hay planes de tres sitios web y pocos gigas de espacio, sin CDN. CDN es la tecnología que hace que tu información viaje más rápido por todo el mundo, y varios planes económicos no la incluyen.
Lo otro es que en un hosting compartido tú no eres el único en el servidor. Tu sitio comparte recursos con otros diez, otros veinte, otros cincuenta sitios. Nunca te dicen cuántos. Y muchas veces ni te dicen cuánta memoria o cuántos núcleos te están dando.
Cloudways: los recursos son solo para ti
Cloudways trabaja distinto. Te vende un VPS, que es una porción de un servidor con recursos dedicados. Lo que compras es para tu sitio y para nadie más, y eso cambia todo cuando el sitio empieza a crecer.
Ellos trabajan con proveedores como DigitalOcean, Vultr, Linode, AWS y Google Cloud. Son los mismos fierros que usan los gigantes de internet; cuando se cae AWS, se cae medio mundo, así que ya sabes que la infraestructura es seria.
Los precios van desde una opción básica de unos 14 dólares al mes, con 1 GB de RAM y 1 CPU, hasta servidores grandes para proyectos pesados que ya manejan 16 GB de memoria y varios procesadores. En DigitalOcean puedes entrar con una versión más económica de unos 11 dólares, aunque corre con disco SSD en lugar de NVMe. El NVMe es más rápido, y en un sitio web eso se siente. Por cuatro dólares más ya tienes mucho más espacio y velocidad.
En mis recomendaciones concretas: DigitalOcean Premium Básico a 14 dólares al mes, o un Vultr de alta frecuencia a 16. Cualquiera de los dos te va a funcionar bien. Hay tres días gratis antes de que empiecen a cobrarte, así que puedes probar sin riesgo.
Y lo más importante: Cloudways te instala WordPress con un solo clic. Tú no tocas la parte técnica de la instalación.
Lo que yo haría, paso a paso
- Busca tu dominio en Cloudflare y en Namecheap, y compra donde te salga más barato.
- Entra a el hosting con el que monto estos sitios y elige Vultr o DigitalOcean.
- Deja que se instale WordPress con un clic.
- Escoge un tema, cambia la información y agrega los plugins que necesites.
Lo que hace que todo valga la pena con Cloudways son las funciones que ya vienen incluidas. Tiene staging: una copia de tu sitio donde haces cambios y pruebas sin que el público vea nada, como esas bardas que ponen en una obra para que no se vea el desastre de en medio. Si algo falla, el sitio real no se cae. También tienes respaldos y restauración, y puedes clonar el servidor completo si quieres montar otro sitio igual.
Y tiene algo que ningún hosting barato te da: escala solo. Los hostings económicos casi siempre tienen un límite duro de visitas y transferencia. Cuando ese límite se pasa, te cancelan el servicio y tu página se cae justo en el peor momento. Si alguna vez entraste a un sitio que acababa de salir en radio o en un video viral y estaba caído, fue exactamente por eso. En Cloudways, si el tráfico sube de golpe, los recursos suben solos por ese rato y después regresan a la normalidad.
Para que te des una idea: un sitio web tradicional mueve entre 100 y 2,000 visitas al día. Con recursos dedicados, es muy difícil que llegues al límite. Otra ventaja es que no hay plazos forzosos. Pagas mes con mes y puedes cancelar cuando quieras, o recargar saldo para olvidarte del tema por un año. En los hostings tradicionales normalmente te amarran a uno, dos o tres años.
En corto
Monta tu sitio en WordPress, compra el dominio donde más barato lo encuentres, y hospédalo donde los recursos sean solo tuyos. Si empiezas con Cloudways de una vez, no vas a tener que mover el sitio después, que es un trabajo técnico que nadie quiere hacer a mitad del camino. Una vez que estás en WordPress, las posibilidades son enormes: temas listos para usar, plugins para casi cualquier cosa que se te ocurra, y la libertad de crecer sin pedirle permiso a nadie.